Miedo al miedo

Eye looking through hole

Quizás las cosas no están tan claras como parece, quizás la seguridad aparente que mi mente autogestiona para mí, para que lleve una vida tranquila y estable es más irreal de lo que me parecía, quizás he creado para mí misma un contenido mental tan exacto, tan certero, que era sólo una estrategia para darle coherencia a un mundo lleno de imperfecciones, de odios, de miedos, de tristezas, quizás hoy me haya dado cuenta de que no todo lo que parece claro y seguro en mi consciente y subconsciente no pueda desmoronarse, destruirse, aniquilarse y salir a la luz lo que ha estado escondido o simplemente crear una nueva realidad paralela con conceptos inventados, irreales, ajenos.

De repente hoy, en medio de mi universo de seguridades reconocí mi propio miedo mirandome a los ojos, presentando su propia realidad y obligandome a no negar su existencia separada de mi misma, formando parte de una parte de mí que quizás no reconozca abiertamente pero que existe.

Y en esta divergencia de coherencias e incoherencias, presentaciones, asunciones de realidad, descubrí que tengo miedo a que la sociedad me cambie, que los discursos xenófonos calen en mi subconsciente sin yo quererlo, a que una mañana me levante y sin saber por qué pero con la firmeza de la que ignora lo que realmente piensa discrimien al diferente, simplemente por eso, por no ser el fiel reflejo del yo misma que veo en el espejo cada mañana y que en realidad es una autoncontrucción que ahora no sé si está llena de verdades o de mentiras.

Quizás no me de cuenta cuando haya dado el primer paso, pero un dia habré mirado mal a aquela chica con  yijab  que se sentó cerca de mí en un lugar cualquiera, otro día despreciaré a las chicas que van besándose por la calle por haber olvidado que siempre para mí fue más importante la expansión del amor que los detalles de a quien se quiera. Quizás echaré un veneno intangible en ese señor que está pidiendo por la calle, no lo haré en alto, mas bien a lo bjaito, a mí misma, en silencio pero mi mirada lo dirá todo y  quizás mi subconsciente o consciente esté tan dormido, o se haya podrido del todo que no habrá una parte de mí, un ello, un pepito grillo, un eco, que me diga que ese pensamiento en realidad no es mío, que el desprecio, que el miedo fue inoculado sin saberlo en mi mente más dócil de lo que yo creía por mensajes constantes y consistentes de gentes con miedo, de medios de comunicación despistados, de silencios malinterpretados.

Tengo miedo al miedo que fluye sin control, que se expande como un virus mortal, que inflama los cerebros y deja inútil al sentido común y a la humanidad.

Este mundo va deprisa, muy deprisa, y entre risas de unos cuantos y lloros de unos muchos, parece que la humanidad, el aprecio, la solidaridad, los silencios… van muriendo poco a poco, dejando paso a un mundo donde el ruido del odio lo abarca todo impidiendo a las mentes salir más allá de su propia zona de confort y experimentar aunque duela el estar al lado del otro, dar la mano al ser humano diferente, abrazar nuestras divergencias en un acto de comprensión y búsqueda de crecimiento.

Y presa de un mundo que sigue girando y del que en realidad no es posible bajarse sin abrazar la existencia que conocemos, tengo miedo al miedo que se expande, a la generalidad, a los discrusos empobrecidos, al sufrimiento sin sentido, y a cambiar lo que con tanto ahínco he construido: un yo misma, diferente, no sé si bueno o malo, pero sí que no es indiferente a lo que importa, a las esencias, a las humanidades, a los sentimientos.

Hoy desperté, y de repente sentí tambalearse con un crujido sordo, como con un cataclismo inesperado las seguridades no tan seguras de mi propia mente.

Hoy desperté y de repente, tuve miedo al miedo…

Iris de Paz

Bullyng: pasado y presente sin futuro

manos

En los últimos tiempos se oye hablar mucho en los medios de comunicación del bullyng, parece que este tema ha saltado a la agenda de los medios y ha cobrado una mayor importancia, pero esto no es un hecho nuevo ni algo que pueda ser tratado de forma aislada de los distintos tipos de violencia que marcan el día a día en nuestra sociedad.  Vivimos con noticias de violencia machista, de terrorismo internacional, el bullyng entra en las escuelas y el moobing en los centros de trabajo, y en realidad todos son aspectos de una misma moneda: la legitimación de la violencia  en la vida diaria.

Si bien cada una de las formas de violencia tienen  diferentes aspectos a analizar y en función de hacia quien se ejerce y quien lo ejerce las formas de abordarlas pueden ser diferentes el componente común no puede perderse de vista si lo que queremos es conseguir un cambio más efectivo y general en la sociedad.

En este artículo me quiero centrar en el bullyng por ser uno de los aspectos de la violencia que más efectos secundarios puede tener ya que se ejerce hacia una población que por su corta edad y por estar en proceso de desarrollo de su personalidad puede afectar con más virulencia. Hasta ahora muchas personas, adultos, niñas/os y adolescentes, veían el bullyng como algo ajeno a su realidad, ¿Cuántas películas americanas, sobre todo, no nos hemos sentado a ver donde el matón de la clase atemorizaba a unos cuantos? Esta es tristemente una escena que se desarrollaba en muchos colegios e institutos no solo americanos, sino de nuestro ambiente, pero las víctimas lo vivían en silencio y en muchas ocasiones ni padres/madres, ni profesorado se enteraba de lo que pasaba. Si preguntas a adultos de entre cuarenta- cincuenta años sobre su período escolar (mi muestra no es significativa para una investigación pero sí permite poner el foco de atención en algunos detalles) encontraras que estas técnicas de acoso entre iguales a corta edad se daba más en contextos urbanos que rurales, yo creo que en parte es por la despersonalización que se da en las urbes, y te lo describen más como acoso verbal centrado en las diferencias físicas: el/la gordito/a de la clase sabe bien de lo que hablamos, el que tenía gafas, o muchos granos o algún defecto físico evidente, de resto si entrabas dentro de la normalidad podías pasar desapercibido/a. Cuando sondeas bajando un poco en el rango de edad, se observa  un aumento de la tendencia a la agresión física  y a la intimidación más directa, y se observa también un ambiente más protegido a estos niveles en el medio rural.

Esta evolución de la intimidación choca con una realidad actual que está marcada por el aumento de la crueldad de las acciones dirigidas hacia las personas que lo sufren y todo llevado a un límite impresionante con el uso de la tecnología y de las redes sociales que hacen que el maltrato recibido por la persona (menor en este caso) se vea reproducido a gran escala y pueda ser visto por una cantidad de menores incontrolada que se muestran pasivos a esta realidad o que incluso participan en la propagación de las imágenes sintiéndose completamente inocentes de la vejación a la persona por el hecho de no ser ellos quien ejercen la violencia directamente, ya que no se ha trabajado con ellos el concepto de responsabilidad y como ésta al entrar en juego las redes sociales se incrementa en vez de ser diluidas por el anonimato.

En el bullyng tenemos diferentes figuras que hay que tener en cuenta y trabajar con ellas para por un lado reparar los efectos negativos que se hayan dado y por otro evitar la reproducción no sólo del bullyng sino de otras formas de violencia que pueden ejercer en el futuro tanto la persona que lo ha sufrido como quien lo ha ejercido.

En muchos textos se habla de actores y víctimas, yo el concepto víctima prefiero no usarlo porque pone a la persona en un lugar de indefensión, de sumisión y de debilidad que le dificulta desarrollar sus capacidades para hacer frente a la situación y mejorar sus competencias. Entiendo que las personas que lo sufren no deben ser tratadas como débiles, simplemente han sufrido una situación de violencia de la cual no es culpable, no ha podido poner en marcha estrategias personales para hacerle frente y además el contexto en el que se movía no tenía las herramientas ni el conocimiento para  ponerle freno a su debido tiempo. Hasta ahora el niño/a que sufría bullyng era cambiado de centro educativo pero en ocasiones veíamos que con ese cambio no se solucionaba del todo el problema porque había un porcentaje de menores que volvían a sufrir la misma situación, ahora con más intensidad porque al usar las redes sociales aunque cambien de centro el ciberbullyng sigue dándose y el/la menor tiene la sensación de no tener ningún lugar de seguridad donde refugiarse. Por ello es necesario trabajar primeramente en la detección de estas situaciones y en empoderar a los niños/as  para que sepan no sólo detectar desde un inicio cuando están siendo acosados si no a tener claro cómo y a quien deben dirigirse para que les ayuden a resolver la situación.

Eye looking through hole

Por otro lado tenemos al menor que ejerce violencia sobre otro, no podemos perder de vista que son niños/as también, debemos huir de la estigmatización, culpabilización y el depositar en ellos sentimientos o ideas negativas. Lo primero es analizar qué ha pasado en ese menor, qué carencias educativas, afectivas o de otra índole puede haber tenido o que aspectos en su vida personal o familiar se están dando para que se estén desarrollando esos comportamiento o se esté creando una personalidad excesivamente dominante.

Que no culpabilicemos no quiere decir que no trabajemos con el/la menor la asunción de la responsabilidad y el pensamiento consecutivo y consecuencial. Debemos explorar su manera de empatizar con las emociones ajenas y trabajar para que pueda desarrollar con más efectividad esa capacidad.

En casos muy iniciales donde se hayan dado conductas de bullyng muy escasas y que se haya detectado a tiempo sólo una vez valoradas las capacidades de afrontamiento de las personas implicadas podemos pensar e intentar introducir la mediación, pero más que entre las personas que han sido partícipes de esa situación sería más conveniente un trabajo de mediación grupal con todos los miembros de la clase o del ámbito donde se dieron las conductas de acoso, siempre y cuando valoremos que el grado de capacidad de empatizar y asumir responsabilidades están en un grado que aunque necesite seguir trabajándose sea bastante aceptable como para que el proceso de mediación pueda ser facilitador de nuevas conductas comunicativas entre las partes.

Hasta ahora se había olvidado un componente que en los últimos años ha cobrado una gran importancia, los espectadores. Aquellos niños y niñas que observan el bullyng y que se quedan impasibles ante la situación o que incluso participan en ella haciendo viral videos donde se observa lo que ha pasado y que tienen un efecto multiplicador en las consecuencias psicológicas del maltrato. Si bien puede ser una conducta entendible por el miedo a ser acosado/a si interviene o dice algo no podemos dejar de hacerles entender su grado de complicidad y de responsabilidad cuando interactúan en las redes sociales no poniendo freno a la divulgación de estos vídeos.

En este sentido la campaña que recientemente ha visto la luz gracias a una televisión privada y el rapero el Langui que se denomina “Buscamos valientes” es una iniciativa muy interesante porque pone el acento en las personas que están alrededor de la situación y busca la manera de despertar en ellas la conciencia para dar un paso al frente o avisar a un adulto cuando se esté dando el acoso. Aquí una vez más vemos la necesidad de empoderar y capacitar a todos los miembros de la comunidad educativa para que puedan poner cada uno su granito de arena a la hora de hacer de erradicar estas situaciones. El anonimato y la individualidad en estos temas nos lleva a que perpetuemos sin querer situaciones, en cambio ser conscientes de que es un problema de todos y que todos debemos intervenir nos capacita como sociedad para que se pueda realizar el cambio.

escuelas

Es cierto que la comunidad educativa, todas las personas que la forman parte son indispensables y tienen que tener una cierta sensibilidad hacia el problema; una sensibilidad que les lleve a formarse y a capacitarse para trabajar con las y los menores. Pero he de incidir en la importancia que las y los profesionales del Trabajo Social que están en los centros escolares tienen en este aspecto. Su capacidad y sus funciones mediadoras entre la familia y el centro educativo son vitales para que las familias tanto del menor que ha sufrido bullyng como la del menor que ha ejercido acoso entiendan la situación y trabajen de manera conjunta para resolver el problema. La detección de problemas dentro del centro pero también en las familias que puedan ser generadoras de conductas de acoso es también un aspecto crucial de las y los trabajadoras sociales en este ámbito. Muchos son los aspectos en los que pueden influir por eso es importantísimo que esta figura se implemente cada vez más en los centros escolares y se tenga en cuenta las ratios de menores para que puedan ejercer un trabajo efectivo. La observación, una herramienta clave del Trabajo Social, y el conocimiento de las dinámicas grupales y de las relaciones entre las y los menores son esenciales para trabajar en la erradicación del bullyng.

 

 

Reseña del libro: De gallegos, tucanes y trabajadores sociales

al       En el día a día de una/un trabajadora/or social pasan mil cosas dignas de mención, la intervención social, el contacto con la gente es una fuente inagotable de anécdotas. Te adentras en la vida de las personas, en sus familias, en sus hogares, te confían mil sentimientos y pensamientos a veces hasta secretos que a nadie más le han contado y en muchas ocasiones acabas casi sin darte cuenta en una parte de su familia, de sus vidas. En todo este proceso de intervención social en el que se trabaja desde las técnicas propias del Trabajo Social pero también desde el conocimiento de otras disciplinas y hasta de la intuición propia, no siempre puedes mantenerte del todo objetiva, la línea que separa la intervención y la implicación personal es muy delgada y débil y no siempre es posible mantenerla intacta, contagiándote de la vida de esas personas para las que trabajas.

Me vienen a la mente algunas personas peculiares, algunas entrevistas que fueron más difíciles y otras que resultaron un poco extrañas, momentos mágicos en los domicilios, pateos por el barrio en los que parece que no llegas al destino porque la gente no deja de pararte, de preguntarte cosas, de invitarte a sus casas. Me vienen a la mente tantas y tantas anécdotas de mis ya 16 años de profesión. Y en todo este camino de recuerdos más de una vez pensé en voz alta y compartí con mis compañeras que buena sería la idea de ponerlas por escrito y dar a conocer nuestra profesión a la vez que rendir homenaje a aquellas personas para las que has trabajado que han sido una fuente inagotable de conocimientos y aprendizaje.

Y existe alguien que lo pensó y lo puso en práctica, el compañero Alejandro Rodríguez Robledillo que ha escrito el libro: De gallegos, tucanes y trabajadores sociales. Leyendo su libro podemos hacernos una idea de cómo es la vida de una/un trabajadora/or social. Lo cuenta de una manera amena, divertida, con un toque de humor que te permite desdramatizar las situaciones que en nuestro quehacer profesional podemos vivir, situaciones que a veces no son fáciles de digerir y que nos afectan a nivel personal y profesional.

Alejandro nos habla en su libro de cómo un trabajador social va creándose a sí mismo mediante el contacto continuo con la ciudadanía, desde el paso por la Universidad donde se acercan a nuestra mente algunos conceptos básicos propios de la profesión hasta el trabajo directo con las personas o en la planificación de actividades. Es en este día a día, gracias al contacto con la gente donde de verdad aprendemos a ser profesionales, donde afianzamos las teorías estudiadas en la Universidad entendiendo verdaderamente cual es su función y utilidad. Pero lo más importante es, que es en el proceso de aprendizaje que supone la intervención social es donde aprendemos a desarrollar esas habilidades básicas a nivel personal que tan útiles van a sernos para ejercer el Trabajo Social. Y daremos sentido a esos valores y principios que enmarcan nuestra profesión, aprenderemos el valor de la importancia de conceptos como: empatía, respeto, capacidad de escucha, derechos, dignidad, valor único…

En este libro se habla de todo eso y más, en un lenguaje fácil, cercano, directo, en primera persona, presentándonos no sólo su trabajo sino también las personas que han formado parte de él y que le han ayudado a evolucionar como profesional.

Y entre todos estos personajes existe un hueco especial para Eudosia, no les voy a contar nada de ella ni de su historia, el libro está ahí para ello, pero sí quiero hacer una mención especial a esta mujer tan especial. Leyendo el relato de su historia de vida, sus necesidades, sus ilusiones y la intervención de Alejandro con ella me recordó a más de una persona con la que he trabajado y que tiene una vida, una historia similar y en muchas cosas mi intervención se parece.

Salvando las distancias que van desde Galicia a Tenerife, veo que la intervención no es tan diferente, que los problemas, las circunstancias y las soluciones son bastante similares pues al fin y al cabo trabajamos con las mismas materias primas: las personas y nuestros valores y conocimientos como trabajadores/as sociales.

Finalmente aprovecho para recomendar su lectura pero no sólo a compañeras/os de profesión sino a cualquier persona, ya que en realidad es una novela muy amena, con sus componentes técnicos y profesionales pero también con una prosa divertida y fácil de seguir. Pero sobre todo con mucha humanidad y sentimiento. Sin duda, una lectura que no te dejará indiferente.

Iris de Paz

Protegiendo a nuestros mayores

10-02-2005. Hogares de ancianos públicos estan llenos y no pueden recibir mas  viejitos, aparecen en la foto ancianos del Hogar Carlos María Ulloa en Guadalupe.

Para la sociedad en general es impactante y doloroso cuando salen a la luz casos de desprotección de personas mayores, y es que ante estos casos además del impacto emocional y social de su conocimiento nos encontramos con diversos problemas que dificultan la intervención y prevención de estas situaciones.

En primer lugar la falta de protocolos claros, sistematizados e interdependientes de la intervención de las diferentes administraciones y sectores que intervienen en estos casos: servicios sociales, sanidad, sistema judicial, etc. No debemos olvidar que si bien en estas situaciones se esconden problemas sociales también nos podemos encontrar con hechos constitutivos de delito, o simplemente con la necesidad de ejecución de medidas en contra de la voluntad de familiares o de la persona que sufre el abandono y que resulta preciso la determinación de una declaración de incapacidad.

En segundo lugar tenemos que reseñar que muchos de estos casos tienen un menor nivel de visibilización en la sociedad, ya que muchas de las personas mayores suelen estar recluidas en sus domicilios y no acceden de forma directa y continua a servicios públicos como los servicios sociales o sanitarios. Esta invisibilización es un factor clave de desprotección pues dificulta la detección precoz de casos de maltrato y abandono, siendo esta detección un elemento vital para poder tomar medidas desde las Administraciones Públicas con el fin de garantizar la cobertura de derechos y servicios que alejen de estas situaciones a las personas mayores.

En este proceso juega un papel fundamental los familiares y vecinos de la persona mayor, es necesario destacar por un lado la responsabilidad a nivel civil de los familiares directos de las personas en estas situaciones, estando obligados estos familiares a garantizar la subsistencia y calidad de vida de estas personas, si bien es cierto, que no siempre es posible realizarlo de forma directa por las limitaciones económicas, sociales o de tiempo de las familias, pero para ello pueden iniciar los diferentes trámites para acceso a un centro residencial que los atienda adecuadamente y al sistema de dependencia.

Las y los trabajadoras sociales tienen en este momento tras la detección, ya sea por denuncia de algún vecino, solicitud de ayuda de un familiar o de la persona mayor, una primera línea de intervención de bastante importancia y enjundia: la investigación de la red social de apoyo de la persona mayor. Por un lado para saber con qué personas de su entorno más cercano cuenta y en segundo lugar para realizar una intervención social específica, con unas altas dosis de mediación pero también de fomento de la motivación del cuidado de las personas mayores, observando que aspectos a nivel social y/o económico pueden estar incidiendo para que la persona no reciba este apoyo, y potenciar a la familia, movilizando los recursos sociales adecuados para eliminar esos problemas y éste cuidado pueda darse en el ambiente más próximo.

En esta fase es vital el trabajo en red y colaborativo de los profesionales implicados, para ello se realiza una coordinación constante y definida entre los servicios sociales municipales, las y los trabajadoras sociales de los centros de salud, y los equipos de protección del estado, ya que en ocasiones es necesario activarlos, porque la situación va más allá de una problemática social, y se ha detectado en la intervención un posible delito, por que el mayor es sometido a un maltrato o a un abandono total; y también existe una línea de colaboración con fiscalía y/o diferentes juzgados. Esa colaboración se hace de forma directa y rápida pero también es necesario la realización de distintos informes sociales, que la trabajadora/or social que lleva el caso, suele emitir y donde recoge toda la información de los diferentes servicios; éstos informes pueden servir para iniciar una incapacidad, para solicitar plaza en un centro residencial o para poner en conocimiento de la entidad competente de una situación delictiva, tal como se reseñó anteriormente.

En estos casos el tiempo es un hándicap importante para garantizar el éxito o no de la intervención social y la toma de medidas de protección, por ello si algún familiar o vecina/o detecta que la situación va más allá de una serie de dificultades y existe una situación de maltrato es mejor que se realice no sólo la comunicación a los servicios sociales sino también se realice una denuncia policial/judicial. En muchas ocasiones cuando existe una llamada a la policía justo cuando se detecta el maltrato es más rápida y eficiente la intervención. Ya que cuando la persona mayor vive sola, la situación de desprotección y abandono es fácil de detectar, en cambio cuando vive con familiares que no están cumpliendo con sus obligaciones, este maltrato es más difícil de detectar en su estado inicial, ya que la trabajadora o trabajador social puede acudir al domicilio, ejecutando otra de sus múltiples actividades, la visita domiciliaria, y no detectar nada en concreto ni la persona puede manifestarse con libertad, e incluso puede que se esté dando la situación de maltrato en un estado muy inicial por lo que a simple vista no se ve nada, más allá de un cierta conflictividad y tirantez en las relaciones familiares.

Por ello es importantísimo que se profundice en la creación de protocolos de trabajo conjunto así como en la elaboración de diferentes herramientas que permitan la detección de estas situaciones. Avanzando en estas líneas, ya suele existir un cierto nivel de protocolización de ciertas actividades que se dan cuando se sabe que hay una persona mayor sola o vulnerable, una de estas acciones sistematizadas es la solicitud y posterior tramitación del Servicio de Ayuda Domicilio, con esto garantizamos una visibilización de la situación ya que así por medio de este servicio no sólo se garantiza la alimentación, aseo personal y limpieza de la vivienda sino que podemos garantizar otras protecciones como la toma de medicamentos, la evitación del aislamiento y tal como reseñamos anteriormente la posibilidad de detectar otras situaciones en las que será necesario intervenir. Habiendo para ello una colaboración constante y directa entre las auxiliares de ayuda a domicilio y las/los trabajadoras sociales.

En definitiva es necesario la visibilización y la detección precoz, así como la implicación de las redes sociales de la persona mayor para poder realizar una intervención social efectiva que garantice la protección de la persona.

Iris de Paz

No más violencia, no más muertes!!!!

violencia gen

Otro día más el corazón se nos encoge, otro día más la indignación fluye por las venas, otro día más luchamos por erradicar el odio y otras emociones negativas que fluyen por nuestro cuerpo, otro día más la confusión y el dolor se apodera de nosotras.

¿Por qué? ¿Por qué tan joven?¿Por qué de esta manera?¿por qué de su mano? ¿Pudimos evitarlo?…

Dolor, emociones, preguntas… todo esto fluye cuando nos enfrentamos a una noticia como la que nos ha llegado hoy, otra mujer más muere por la violencia machista de su ex pareja. Otra mujer más, por que tristemente desde principios del año empezamos a hacer estadísticas mortales para entender el problema, para buscar formas de erradicarlo, pero a pesar de ello, no podemos decir que es una mujer más, una historia más; al contrario es un ser humano joven, con una vida por delante, con sueños, aspiraciones, capacidades, virtudes, familia, amigas; un ser humano único, diferente a los demás, irrepetible, cuyo único delito fue amar y unirse a una persona que no supo respetarla como ser humano; una persona que por cosas del destino se unió en un momento de su vida a una persona que hoy ha decidido acabar con su vida de una forma violenta, dramática, horrorosa, injusta.

Un ser único y a la vez una historia repetida, que embarga a toda una sociedad de dolor y destroza a toda una familia que seguramente se preguntará ¿Por qué?¿Con qué derecho?

Hablar de conquista de derecho de las mujeres, de erradicación de la violencia, de educación a la nuevas generaciones sobre los límites en las relaciones, enseñar a detectar cuando se inicia el maltrato, apoyar a las mujeres que pasan por estas situaciones, reivindicar más recursos y medios… de todo esto y más habría que hablar y tenemos mucho que profundizar, pero perdonen si no lo hago ahora, si lo dejo para otro momento; lo hago no por no ser necesario sino por que a veces el dolor y la indignación es mucho mayor que cualquier otra capacidad de entendimiento y de análisis.

Seguiremos analizando, seguiremos luchando, seguiremos reivindicando pero ahora estamos de luto, estamos en Santa Cruz de La Palma; estamos con este ser único que nos han quitado de nuestro lado y estamos con la estadística de un caso más que quisiéramos no nombrar nunca más.

Iris de Paz

Reciclarse recordando

ayuda

El tiempo es un concepto relativo que en algunos momentos puede suponer una ventaja y para otros un inconveniente. Esto queda reflejado muy bien si analizamos como puede cambiar el desarrollo de nuestra intervención profesional a lo largo de los años. Al principio, cuando salimos al mundo laboral teniendo a la espalda sólo un pequeño bagaje de prácticas y mucha teoría, experimentamos un mundo lleno de emociones y mucha ilusión, pero con los años y las dificultades del trabajo podemos perder de vista algunos aspectos que son cruciales para una buena intervención profesional. La experiencia dicen que es un grado pero a veces puede que nos lleve a olvidar cosas que en nuestros inicios eran claves.

Como profesionales tenemos algunas responsabilidades importantes que debemos asumir y cultivar día a día, una de ellas es el reciclaje profesional continuo, otro el tener siempre vivo y presente aspectos básicos y vitales del Trabajo Social y otro es el dedicarnos tiempo para el autocuidado personal para tener siempre energía y fuerzas para desarrollar correctamente nuestro trabajo.

En cuanto a los aspectos básicos del quehacer profesional que pueden olvidarse por el alto nivel de exigencia personal y profesional con el que ejecutamos día a día nuestro trabajo es la importancia del establecimiento de una buena conexión con las personas con las que trabajamos. Uniendo este concepto con las responsabilidades anteriormente mencionadas la clave es entender que reciclarnos profesionalmente no siempre es la formación teórico-práctica en aspectos nuevos de la profesión sino que es una vuelta a recordar, a profundizar y a dar valor a aspectos antiguos pero inherentes a la profesión.

Para el método del Trabajo Social el establecimiento de la relación de ayuda es el paso principal, de una importancia tan vital como la definición de un buen diagnostico social que sirva para planificar la intervención. A veces nuestra intervención concluye en ese mismo momento de establecimiento de la relación, porque a veces lo que muchas personas necesitan simplemente es ser escuchados libremente, sin sentirse juzgados o necesitan asesoramiento para tomar decisiones, y es el clima que se da en esa relación lo que puede servir de impulso para coger confianza en sí mismas y dar el paso para tomar las riendas de su vida.

Debemos recordar cada día, y sobre todo cuando es el momento inicial de establecimiento de la relación profesional, nuestros principios deontológicos fundamentales. La persona es un ser único e irrepetible, y no debemos juzgar ni sus comportamientos ni pensamientos ni emociones, deben ser libres para expresarlos sin sentir ningún tipo de reproche por nuestra parte.

A veces el tipo de intervención que tenemos que llevar a cabo con la persona o familia, hace que esto sea más difícil que en otras ocasiones. Cuando nuestro trabajo es de dinamización grupal o comunitaria, puede ser más fácil pero si estamos trabajando en un equipo especializado por ejemplo de intervención con menores con medidas judiciales puede complicarse. Es cierto que en ocasiones nuestra labor tiene un componente más de análisis, de intervención más directiva como en el ejemplo antes mencionado pero esto no puede llevarnos a obviar la importancia que establecimiento de la confianza, el respeto y el apoyo con el profesional tiene en el éxito de nuestra intervención. La idea es apoyada desde diversas teorías, y personalmente, la he constatado en mi intervención profesional, la educación siempre da más resultados que la coacción o la dirección.

Como profesionales somos agentes de cambio, buscamos la mejoría de la sociedad, de las personas y las familias para las que trabajamos pero es vital que esto se dé desde el respeto a los tiempos y necesidades de las personas con las que intervenimos. Una relación profesional bien cimentada permitirá que las personas nos cuenten de forma sincera sus objetivos, formas de ver la vida, y manera de cambiar las cosas que ellos consideran que debemos cambiar. Reforzar esa relación con el respeto y la escucha activa nos permite que podamos acercar nuestra visión de la realidad con la visión de su propia realidad, para que los cambios sean aceptados por la familia o la persona, y se ajusten a sus verdaderas necesidades.

Esta reflexión es extremadamente obvia, tanto para estudiantes como para profesionales, pero no por ello es menos importante, ya que en ocasiones puede haber profesionales que lo olviden y se centren más en sus objetivos, en la planificación de la intervención, etc que en esta parte tan vital de nuestro día a día. Lejos de juzgar a estos profesionales lo que debemos es apoyarnos unas a otras para mantener viva nuestra idea colectiva y de pertenencia a la profesión, buscar maneras individuales y/o colectivas de cuidado personal – profesional que nos permita trabajar en condiciones óptimas, con la vocación siempre presente, con el código deontológico en nuestra “cabecera laboral”

Iris de Paz

El Trabajo social: una apuesta ética para la inclusión social de personas con diversidad funcional.

diversidad    Estamos en un momento socialmente en que por un lado existe una mayor consciencia de la importancia de buscar cauces para la inclusión de todas las personas en la sociedad ya que se entiende como una forma de enriquecimiento para todas y todos, y por otro lado un momento en que esos cauces parecen alejarse por que las necesidades sociales y económicas que permiten que determinados colectivos se incluyan de manera efectiva en la sociedad no son cubiertas adecuadamente por diversos motivos, entre ellos los recortes en materia de servicios sociales o dificultades para la implementación efectiva de leyes facilitadoras para la inclusión, como la Ley de dependencia. En este contexto el Trabajo Social y los Servicios Sociales se encuentran con un nuevo reto, y es, cómo modificar su intervención para que la inclusión sea una realidad para todas y todos. Y ese reto al que se enfrenta el Trabajo Social tiene que ir de la mano de varios factores:

1.- La defensa de un sistema de servicios sociales públicos y de calidad.

2.- La defensa y promoción del empoderamiento de las y los ciudadanos ante los distintos obstáculos que pueda encontrarse en el camino para erradicarlos y conseguir la inclusión.

3.- Una apuesta  clara por fomentar aquellos  valores del Trabajo Social que deben ser la guía de cualquier intervención inclusiva amparada por el Código Deontológico profesional.

En este sentido la propuesta va encaminada a una reformulación de conceptos, de terminología y de metodología a la hora de trabajar  con personas con diversidad funcional.

Para ello es  vital tener en cuenta la importancia de las palabras y del mensaje que estamos dando desde el Trabajo Social como profesionales, ese mensaje tiene que ser positivo, constructivo y que a su vez sea un medio de intervención para potenciar las cualidades internas que ayuden a la persona a que sea ella misma la que rompa con las barreras que se encuentre en el camino, sin perjucio de la labor que las instituciones y administraciones tienen que hacer para remover esos obstáculos y facilitar la inserción. En este sentido, es por lo que me uno a una corriente ya existente que utiliza el término diversidad funcional para sustituir conceptos como discapacidad, minusvalía, etc por que nos permite reconocer que lo que nos diferencia a todas las personas independientemente de que podamos o no oir, o ver, o caminar o cualquier otra dificultad, es la diversidad del ser humano para enfrentarnos a la vida diaria lo que hace que necesitemos un apoyo o ayuda de una manera u otra. Debemos entender esta diversidad como algo común que está íntimamente ligado a nuestra dignidad como seres humanos, nuestro derecho a la autonomía, a la integridad, al disfrute del tiempo libre, al posibilidades de acceso al mercado laboral y a desarrollar nuestra vida tal como queramos, y el Trabajo Social que se realice en los Servicios Sociales tanto comunitarios como Especializados debe tener en cuenta este cambio de perspectiva para el abordaje de las problemáticas que se presenten.

El Trabajo Social en los servicios sociales comunitarios debe tener en cuenta dos ejes fundamentales, por un lado los principios generales que debe regir su actuación y por otro las demandas que de forma genérica son planteadas por estas personas o por las que le rodean. Teniendo en cuenta estos dos aspectos el tipo de intervención vendrá dado más por la problemática a resolver que por el tipo de diversidad funcional que presente, ya que en la mayoría de los casos en los servicios sociales comunitarios lo que se suele apreciar es que la problemática presentada es común a la población en general, preocupándoles, el empleo, el ocio, los ingresos, etc lo único que acceder a los medios para resolver estos problemas puede ser más difícil por la dificultad que la persona puedan tener añadida.

El eje principal de principios vienen determinados de forma general por seis conceptos claves:

  • La dignidad y autonomía
  • La no discriminación
  • La participación e inclusión
  • El respeto y aceptación de la discapacidad como parte de la diversidad humana
  • L a igualdad de oportunidades
  • La igualdad entre hombre y mujer
  • El respeto a nuestras capacidades y el apoyo para desarrollarlas adecuadamente.

A parte de estas claves conceptuales tenemos que tener en cuenta unos principios éticos del quehacer profesional de la trabajadora/or social:

  1. Reconocer el valor de la personas independientemente de cualquiera de sus circunstancias y fomentar su sentimiento de dignidad y de respeto propio.
  2. Respetar las diferencias entre los individuos, grupos y comunidades
  3. Fomentar el propio esfuerzo como medio de desarrollo de las personas, ayudándolas a desarrollar la confianza en sí mismas y sus capacidades.
  4. Promover oportunidades para una vida más satisfactoria independientemente de las circunstancias personales y familiares que les rodee.
  5. Trabajar a favor de la aplicación de medidas sociales que facilite un mejor desarrollo de las personas.
  6. Respetar la confidencialidad de la relación profesional y hacer un uso responsable de esta relación

Teniendo en cuenta todos estos criterios que deben estar todo el tiempo presente en la mente del profesional debe basar su intervención en un buen diagnóstico social y en una detección adecuada de las necesidades y demandas sentidas y manifiestas por la persona pero también aquellas que no manifiestan abiertamente por no ser conscientes o por que simplemente no se atreven o no lo ven necesario.

En este sentido podemos determinar que las demandas pueden venir o por parte de la persona con diversidad funcional o sus familiares. En este último caso es vital poner de relieve que a los servicios sociales comunitarios viene muchos padres/madres con una demanda de información en ocasiones relativa a recursos sociales específicos pero en una gran medida en cómo hacer para que sus hijos e hijas tengan una vida autónoma, sobre todo en el momento en que ellos falten, esto en ocasiones lo viven con un alto nivel de angustia porque han desarrollado a lo largo de su vida y de su relación personal con sus hijas/os una sensación de responsabilidad e incluso de culpabilidad en algunos casos que les dificulta la toma de decisiones o la realización de acciones para que sus hijas sean más autónomas y activas. En este sentido es función de la trabajadora social es orientarles y derivarles hacia los recursos adecuados,  informarles y orientarles en cuanto a lo que supone la discapacidad y la implicación en el desarrollo de la vida diaria, pero no desde un punto de vista negativo centrándonos en los inconvenientes sino desde la óptica positiva enseñándoles las acciones a realizar para saltar los obstáculos con los que podrán encontrarse, así como apoyarles y hacerles entender su valor como cuidadores pero también la limitación de sus funciones como algo natural, buscando la manera de que vean la relación con sus hijas/os como algo positivo independientemente del nivel de dependencia que tengan hacia ellos. Realizando inclusive acciones de mediación entre madres e hijas para el desarrollo de esa autonomía e independencia. Asimismo es importante que se les recalque y se les potencie el acceso a las actividades de ocio y de autocuidado, sobre todo en aquellos casos en los que los niveles de dependencia puedan ser mayores, y ayudarles a irse desprendiendo del miedo que les supone a muchos padres/madres el dar autonomía a sus hijos, sobre todo a edades tempranas.

Por otro lado tenemos las demandas propias de las personas con diversidad funcional, que de forma general también van encaminadas a la orientación e información sobre aspectos relacionados con su discapacidad  y como superarlas a la hora de la integración en la sociedad. Aquí la intervención social desde los Servicios Sociales comunitarios es importante que vaya de la mano con una coordinación constante con los recursos sociales especializados en discapacidad y de salud para ayudar la persona a estar siempre informada y que pueda tomar sus propias decisiones que les permita una vida autónoma y timoneada por ellos mismos, y que a su vez por medio de esa coordinación con el recurso especializado y la persona se puedan poner los medios adecuados para hacer frente a los obstáculos del día a día.

Puedes ser que esta persona acuda a los servicios sociales comunitarios de forma habitual y por ello el diagnóstico realizado por la trabajadora social podrá irse mejorando y ampliando por medio de las diversas entrevistas que vaya manteniendo con la persona, y éste deber ir más allá de centrarse en los problemas derivados de su discapacidad para hacer un análisis de sus necesidades que superen estos problemas, ya que muchas de las demandas son bastante genéricas, por ejemplo en el tema de empleo y la formación, en el tema de acceso a la vivienda, en el tema del acceso a los recursos sociales y sanitarios, en el acceso a unos medios económicos dignos y estables, etc.

En definitiva debemos ser conscientes de que mucha de la demanda que se recibe por los servicios sociales comunitarios es común a cualquier tipo de persona, y que la intervención debe estar fundamentada en un buen diagnóstico social y teniendo siempre presente los valores de la profesión y el Código deontológico,  y que el objetivo principal de la Trabajadora social debe ser favorecer la inclusión de la persona en la sociedad, su autonomía y apoyarle para que viva su vida tal y como quiere vivirla.

La discapacidad es natural. Debemos dejar de creer que las discapacidades hacen que una persona deje de hacer algo. Tener una discapacidad no me para de hacer cualquier cosa.-Benjamin Snow.

Iris de Paz

La realidad nos pide una vuelta a lo comunitario

comunitario

La crisis económica ha dado un vuelco a la realidad que conocemos, o mejor dicho que conocía una gran parte de la sociedad; por ello se buscan diferentes alternativas para deshacer el camino que se ha andado y volver a unas condiciones mínimas de Bienestar social que nos permitan volver a luchar por la justicia social desde unos parámetros algo más coherentes y justos. Por eso desde distintos ámbitos se aportan soluciones, posibilidades, alternativas… Para que este proceso sea fructífero tiene que ir de la mano de un cambio en la estructura del poder, en todos los niveles. El mundo, la sociedad, no puede ser dirigida por unos pocos, sino que debe de existir una transformación real en la que esté implicada cada persona y que ésta forme parte de una comunidad cohesionada que tenga claro la necesidad de la defensa de sus intereses, y a su vez la necesidad de una interconexión real y positiva con otras comunidades, entendiendo su trabajo de construcción como un trabajo de redes, personales y sociales, en continuo dinamismo y creatividad.

Dentro de este proceso de cambio estructural con un giro claro y una apuesta firme por lo grupal, lo cohesionado, lo interrelacionado y lo integrado es evidente que el Trabajo Social Comunitario, su metodología pero también su manera de darle explicación a la realidad social, puede ser una herramienta vital que aporte el Trabajo Social para devolver el poder a la ciudadanía y conseguir que sea ésta la que resuelva los problemas que le atañen.

Estamos en un momento que es vital cambiar la forma de entender los problemas sociales por parte de la sociedad en general. En los últimos años hemos sufrido un proceso de individualización y de culpabilización de los individuos y familias sobre las diferentes situaciones de exclusión social o de pobreza.

Las familias han asumido su cuota de responsabilidad a la vez que se han visto despojados de su capacidad de reacción e imposibilitados para el cambio ya que el origen del problema no estaba en ellos sino que es un producto de un deterioro paulatino de las condiciones sociales y económicas que ha venido acompañado de un desmantelamiento del Sistema de Bienestar Social.

Este proceso era socialmente asumible, hasta podríamos decir que era fácil de ocultar, mientras el número de personas que sufría los procesos de exclusión social se mantenía estable y dentro de aquellos grupos de población, el resto entendía que era normal que padecieran estos procesos. La crisis económica saca a la luz una realidad que muchas trabajadoras y trabajadores sociales veníamos diciendo hace tiempo en nuestros discursos, y es que la situación personal, social  y económica puede cambiar y en un momento puedes estar en un lado de la balanza y de repente todo se trastoca..motivo por el cual las decisiones del día a día deben estar tomadas desde lo racional careciendo de juicios de valor hacia la realidad de otras personas y con la humildad de sabernos iguales unas a otras. Es por eso que la realidad se modifica y vemos como muchas familias que antes estaban en una situación estable y en cierta manera “normalizadas” llegan a situaciones de precariedad económica e incluso de exclusión social. Y el número de personas en esta situación aumenta de manera vertiginosa, y la sociedad no es capaz de articular los medios adecuados, ni  las políticas sociales se modifican con la suficiente rapidez para hacer frente a una nueva situación y crear cauces para conseguir una reinserción de esas familias que han quedado excluidas y evitar que el número de éstas siga en aumento. Es esta falta de capacidad de adaptación lo que ha hecho que se ponga de relieve la necesidad de que el cambio sea estructural, radical, es decir desde la raíz, por que ya no basta con decir que podemos hacer cambiar a unas cuantas familias para que se integren en una sociedad que les excluye, ahora es el momento de cambiar la sociedad  y que ésta no utilice la exclusión de sus miembros como una forma más de adaptarse, crecer o mantener las condiciones de unos pocos.

Hasta ahora no habíamos creado una conciencia colectiva fuerte que tuviera como objetivo principal la petición de la Justicia Social, como petición única e integradora de diversas necesidades, sensibilidades y colectivas que entienden que este es el pilar principal a conseguir para un cambio verdadero y duradero. Hasta ahora nos hemos ido conformando con pedir una mejora de cantidad y calidad de los recursos públicos que garanticen necesidades concretas como la sanidad, educación, servicios sociales…

Pero esto resulta insuficiente cuando nos vemos ante un sistema que se desmorona y las condiciones de vida de un mayor número de personas empeoran, saltando la alarma social que antes estaba callada o que se escuchaba con menos fuerza porque entendíamos que era imposible desprendernos de esa cuota de personas en exclusión social, y mientras fuera una minoría no implicaba la no existencia de bienestar social.

Y llegamos a un nuevo panorama social en el cual las clases medias se convierten en la principal afectada por la crisis; familias que parecían tener una estabilidad laboral y económica, sufren un estremecimiento brutal en sus condiciones de vida, perdiendo todos los cimientos y llegando a procesos de exclusión social que nunca habían imaginado, careciendo además de aquellas habilidades personales para desenvolverse en un nuevo ambiente para ellos, un ambiente de carencia total de todo lo básico y de alto nivel de incertidumbre, lo cual repercute directamente en la salud, produciéndose deterioros importante sobre todo a nivel mental y emocional.

En todo este proceso de cambio surgen voces que vuelven a centrar el foco de atención en lo comunitario, haciendo entender a los individuos que solos no podemos afrontar los problemas derivados de factores estructurales. Esas voces nos recuerdan que se necesita una acción colectiva que permita generar una identidad comunitaria, de pertenencia a algo que trasciende lo individual, establecer objetivos, técnicas de cambio y/o de avance conjuntas y crear medidas de presión colectiva que nos permita un cambio real en todo lo que nos rodea.

El alejamiento del Bienestar social que hemos sufrido, el deterioro de las condiciones de vida de una gran parte de la población y la extremada delgadez del tejido grupal y la cohesión hace que hoy más que nunca sea necesario reavivar las voces de lo comunitario, del Trabajo Social comunitario, del de la calle, del mano a mano con las personas y colectivos para lograr volver a dar un impulso que nos acerque a la Justicia Social.

Iris de Paz

Prestación Canaria de Desesperación

stpo recortes   La crisis ha sacado a la luz una realidad que muchas personas estaban viviendo en nuestro territorio; una realidad que pasaba desapercibida antes para la gente en general porque vivíamos en una burbuja de irrealidad en la que nos parecía que era imposible que llegáramos a ese tipo de circunstancias.

La situación actual ha hecho que hayan sido más personas las que se hayan visto en una situación de carencia total de ingresos o de escasez de los mismos; de repente la sociedad ha tomado consciencia de que la supuesta seguridad en la que vivíamos no es tal y que podemos vernos en otro punto completamente distinto casi de la noche a la mañana. Lógicamente decir en términos totalitarios que esto es algo positivo es un error pero sí podemos decir que es posible sacarle una lectura positiva; en este sentido el cambio en el que nos vemos inmersos a nivel social nos ha permitido tener una imagen más clara de cómo pueden cambiar las cosas y nos permite erradicar una interpretación de la realidad que hasta entonces era muy extendida y que se basaba en la culpabilización de las personas en situación de marginación. La visión hoy es otra, o por lo menos va camino de ser otra más justa, donde no se culpabiliza al individuo sino que se tienen en cuenta los factores sociales, los recortes a los que somos sometidos, la inexistencia de respuestas adecuadas a las diferentes problemáticas, etc

En este contexto social de dificultades de la población cada vez más creciente, del auge de recortes en materia de servicios sociales, tanto de prestaciones económicas como de servicios y de aumento sin freno del desempleo, surgen cada vez más voces proclamando la necesidad de que existan medios para cubrir necesidades básicas y para garantizar un mínimo de calidad de vida a la ciudadanía. Y esas voces se alzan de distintas formas y en diferentes lugares destacando las deficiencias de algunas prestaciones que supuestamente iban a cubrir esa demanda, como es el caso de la Prestación Canaria de Inserción.

Más allá de poder estar de acuerdo de algunos matices en relación a la creación de esta prestación, creo que es necesario valorar en su justa medida todos aquellos aspectos que están siendo deficitarios y que están provocando en muchos casos que el objetivo que se consigue con la misma sea completamente lo contrario a lo que se persigue en su idea original o lo que creemos diferentes profesionales que debería ser su propósito.

No pretendo aquí hacer un enumeración exhaustiva de todos los inconvenientes de la misma, pero sí me gustaría poner en relevancia un aspecto que a mi juicio es la clave de la creación de una serie de injusticas y desequilibrios en la población que nos alejan cada vez más de alcanzar la justicia social y de garantizar una vida digna a todas las personas, hechos que para mí, como trabajadora social, son muy graves pues impiden la consecución de nuestro principal objetivo como profesión.

Permítanme que para exponer mi pensamiento utilice un recurso lingüístico de modificar el nombre de la citada prestación, sin duda hablar de inserción actualmente me parece una falta de respeto a aquellas personas que la están percibiendo y todas aquellas que están en proceso de solicitud a la espera de ser concedida. Digo esto no desde la facilidad de cambiar una palabra por otra sino desde el sufrimiento personal y profesional que supone ver a muchas personas en la misma situación de angustia.

Para mí el cambio es lógico, la inserción es imposible alcanzarla por tener una prestación de entre 400 o 500 euros, dependiendo de los miembros de la familia, durante dos años, cuando estamos sufriendo un recorte impresionante en recursos sociales y de empleo, hasta el punto de que se han suprimido muchos de aquellos destinados  a la consecución de trabajo, el nivel de desempleo aumenta vertiginosamente, con la misma rapidez que se cierran empresas y sin un cambio en las políticas de empleo que sean efectivas y que nos pongan sobre la mesa un aumento real de las ofertas de empleo. En estas circunstancias ¿cómo podemos hablar de inserción laboral?¿debemos conformarnos con acceder a cursos de formación como lo más parecido a la inserción?¿cómo salen las familias adelante sin poder acceder a empleos dignos y con cierta estabilidad y condiciones dignas de trabajo? Ante este panorama utilizar la palabra inserción parece una locura o una desfachatez, ya que si no se produce un cambio real y de raíz el concepto inserción laboral será sinónimo de utopía.

Y cambio inserción por desesperación, y tampoco es un cambio al azar, refleja la sensación y angustia que se refleja en los ciudadanos y en los profesionales de los servicios sociales ante la tramitación de esta prestación. Para acceder a ella, la persona o su unidad familiar de convivencia debe carecer de ingresos suficientes, ya determinar que 426€ de un subsidio por desempleo es un ingreso suficiente me parece una locura, pero no queda ahí, debe carecerse de esos ingresos; y yo me pregunto, una madre soltera con dos hijos a la que se le termina el mes que viene el subsidio por desempleo ¿cómo se siente?; un matrimonio con un menor que se han quedado sin prestación hace un mes ¿cómo se siente?; una persona que vive sola y que trabajaba como autónomo y por la crisis ha tenido que cerrar y no tiene derecho a prestación ¿cómo se siente? Desesperados/as es la palabra más cercana que puedo imaginar a esa sensación de angustia que están pasando muchas personas.

A esa situación de desesperación le sumamos que el acceso a la prestación no es algo inmediato, comienza una carrera en la que se pone a prueba la paciencia por tener que esperar un tiempo que para una familia en estas condiciones no hace sino aumentar ese nivel de desesperación, ya que en muchos casos tienen que esperar hasta un año para conseguir llegar a la “meta”. Y esa sensación de angustia y desesperación es compartida por muchos profesionales que trabajan en los servicios sociales, no nos dejemos engañar por esa visión que algunos políticos quieren dejar entrever a la sociedad de que los profesionales son parte de ellos y no sufren las consecuencias de este sistema ilógico. Para nada, nosotras/os estamos como siempre, al pie del cañón, acompañando a las familias y entendiendo su proceso a cada momento. Sí, somos los que tenemos que dar las malas noticias cuando se deniega, cuando hay retrasos, o cuando se acaba el presupuesto, pero lo hacemos a la vez que realizamos nuestro trabajo en condiciones precarias, con carencia de recursos sociales con los que poder trabajar, con carencia de recursos materiales en muchos casos, y con una escasez de recursos humanos importantes, por que si bien la demanda aumenta a niveles cada vez mayores los profesionales que tenemos que hacernos carga de esa demanda, somos los mismos y en muchos casos menos. Así que la desesperación, no lo duden está compartida en todo momento.

Una de las principales injusticias que provoca la prestación es tener que acceder a ella en estas condiciones desesperación, cuando no hay ningún recurso intermedio que garantice unas condiciones mínimas para la vida diaria. A esto le sumamos unas restricciones importantes en el acceso  y la imposibilidad de recurrir a la misma una vez la hayas cobrado en su totalidad, dejando al margen a muchas personas que las cobraron en su momento y que pudieron insertarse laboralmente, habiendo vuelto a una situación de precariedad tras el inicio de la crisis.

Quedan muchos aspectos en el tintero, como las dificultades para la renovación, los tiempos de espera en este aspecto, la obligatoriedad de denunciar al padre o madre de los menores por no pagar la manutención, que provoca situaciones de conflictividad que en muchas ocasiones las familias no están preparadas para sobrellevar. El hecho de que la cantidad no sea la suficiente, y el hecho de que en las condiciones sociales que estamos sufriendo dos años de prestación no siempre son el tiempo suficiente para poder realizar medidas que faciliten la integración en el mundo laboral. El tintero de la Prestación Canaria de Inserción es muy grande y no puedo abarcarlo de una sola vez, pero creo que con este cambio de denominación queda bastante reflejada una visión sobre el tema que quiere poner de relieve la dificultad de muchas familias canarias que necesitan un apoyo de las administraciones real pero sobre todo un cambio en las políticas sociales, económicas y de empleo de nuestro territorio que nos lleve hacia una mejora real  y definitiva de las condiciones de vida de los y las canarias.

Iris de Paz

Muchos granos de arena hacen una playa

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La historia del Trabajo Social es la de una profesión de una larga trayectoria no sólo en la creación de sí misma sino en la formación de la sociedad para la que trabaja y en el fomento y defensa de los valores sociales y derechos humanos. Todo esto surge y se desarrolla no sólo desde la colectividad sino gracias a esfuerzos individuales de personas que a la vez que han construido su vida y profesión, han contribuido a que seamos como profesión lo que ahora somos.
Una de esas profesionales que para mí aportan una visión interesante del quehacer diario es Rosa Domenèch, llegué a ella cuando estudiaba la carrera en medio de mis inmersiones en la biblioteca de lo que en ese momento era la Escuela Universitaria de Trabajo Social de la Universidad de la Laguna y ha regresado fortuitamente a mi mente, hace unos meses cuando en una librería he encontrado uno de sus últimos libros: “Vivencias sociopolíticas y trabajo social: Mi granito de arena”.
Lo cierto es que este libro me ha servido para hacer una parada a nivel mental y reflexionar sobre viejos aspectos filosóficos de la profesión pero también sobre nuevos enigmas y dudas que el día a día te plantea. El panorama social que nos circunda es completamente distinto al de hace unos años, a nivel ético y metodológico las y los trabajadoras sociales nos enfrentamos a nuevos retos, y el ritmo vertiginoso al que te lleva el tener que dar respuestas a lo que acontece cada día nos lleva a veces a descuidar el análisis pormenorizado de lo que está pasando a la sociedad pero también de lo que está pasando a la profesión. Y este libro me ha provocado a la vez que permitido el poder echar un poco el freno y ahondar sobre muchos detalles importantes.
Me parece interesante una reflexión que aporta allá por la página 65 del citado libro, sobre la coherencia que debe haber en las implicación social de las personas. Como profesionales creo que también estamos llamados a dar toques de atención en aquellas dinámicas que se dan en la sociedad y que nos alejan de la verdadera justicia social. Las actitudes y acciones benéficas son difíciles de criticar a nivel social dado que están embarnizadas de una moralidad inserta en nuestra cultura que las hace parecer bondadosas ya que parecen resolver un problema de manera inmediata, pero en realidad lo que perpetúan es una sumisión de una parte de la sociedad que carece de medios suficientes sobre otra parte que los tienen. Y muchas veces a su vez hay una manipulación de los que están en un escalafón más altos a los del punto intermedio, chantajeando en base a una falsa solidaridad.
La beneficencia y la lucha por su erradicación y acercamiento a los derechos sociales subjetivos es una lucha propia de nuestra profesión a lo largo de toda su historia, y en este libro se refleja muy claramente, viéndose esta evolución en España durante los años que abarca el relato, finales de la dictadura hasta la actualidad, y lo curioso es ver cómo muchos profesionales han sentido en un momento determinado que esta lucha estaba en un peldaño bastante avanzado y la crisis económica y las nuevas políticas sociales basadas en los recortes presupuestarios han hecho que suframos un retroceso importante.
Y esta lucha por pasar de un modelo asistencialista a uno de Derechos plenos para toda la ciudadanía nos ha acompañado durante todos estos años, hemos tenido avances pero también limitaciones, y considero que es necesario reflexionar sobre esas limitaciones que hemos venido arrastrando durante años para intentar superarlas y acercarnos más a nuestros objetivos. Por los años 80 Rosa Domènech resume en un documento los ocho puntos que considera que hasta ese momento han sido los principales problemas con los que ha contado la profesión y la sociedad en general para avanzar más rápidamente en la conquista de derechos, y algunos de ellos los arrastramos, otros los hemos superado y otros vienen con nosotros tras haberlos mejorado sólo en una parte. Estos son:
1.- Una concepción estrictamente benéfica del Trabajo Social. Considero que en este aspecto hemos avanzado notablemente, el Trabajo Social se ha ido desarrollando y potenciando su vertiente más profesional y de consecución de derechos sociales, basándose sobre todo en definir y proyectar en la sociedad principios fundamentales encaminados sobre todo en apoyar a las personas a que sean actores de su propio destino, a que las soluciones están dentro de las personas y de los colectivos a los que pertenecen, intentando desarrollar acciones preventivas, de formación, de apoyo en las tomas de decisiones, de mejorar los accesos a los recursos sociales y sobre todo enseñando a las personas que ellos son su principal recurso para resolver su problemática y que las/los trabajadoras/es sociales somos un mero instrumento a su alcance.
Si bien hemos conseguido un cambio en la concepción de nuestra profesión no es menos cierto la preocupación de muchos profesionales actualmente a que nuestra intervención sea redirigida nuevamente hacia la beneficencia, ya que las políticas sociales de recortes, el aumento de la demanda, la bajada de contratación de profesionales y la creación de la ley 27/2013 de 27 de diciembre, de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local nos esté llevando a un retroceso importante, donde nos alejemos del ciudadano, donde no se establezcan acciones de atención primaria, detección de problemáticas, prevención, etc y nos acerque irremediablemente hacia una vuelta a la beneficencia.
2.-Existencia de una actitud paternalista hacia los problemas sociales. Este problema en la actualidad y a nivel general está totalmente superado. La filosofía de buscar un empoderamiento real de las personas a nivel individual, grupal y comunitario ha ido calando en la intervención profesional con mucha fuerza. Gracias también al contacto cada vez más estrecho con otras profesiones como la sociología o la psicología que nos ha ido permitiendo hacer un análisis cada vez más completo de los problemas sociales en los que debemos intervenir y que claramente ya son abordados desde una perspectiva más integradora pero también con una mayor implicación de las personas en la forma de analizarlos y abordarlos.
3.- Sistemática sobrevaloración del individuo e ignorancia de su dimensión colectiva. Si bien esa sobrevaloración del individuo por encima de su dimensión grupal ha sido modificada sustancialmente desde los años 80 hasta la actualidad, muchos profesionales mantenemos nuestra preocupación al sentir que en nuestro trabajo diario nos están alejando de las intervenciones a nivel comunitario, directamente en los barrios. Las políticas sociales y las directrices dadas en los últimos años para hacer frente al aumento de la demanda han ido más encaminadas a potenciar el trabajo social de casos que el trabajo comunitario, a veces más que potenciar parece una limitación. En las últimas jornadas estatales de Trabajo Social municipal que se realizaron del 12 al 14 de junio en Barakaldo muchos profesionales que trabajamos en este ámbito destacamos esta preocupación y entendemos y solicitamos una vuelta a las acciones comunitarias, con un carácter preventivo importante y que nos acerque cada vez más a la gente y a su problemática real. Y para esto es necesario seguir influyendo y presionando para que se realicen cambios en las organizaciones y en las políticas sociales que definen los marcos operativos de esas organizaciones.
El reconocimiento de esa dimensión colectiva viene marcado también por el reconocimiento del trabajo que se está haciendo en diversas asociaciones vecinales o de las plataformas que en los distintos barrios luchan por los problemas que en ellos se dan, o que más allá de las fronteras que marcan los barrios luchan por intereses comunes, como la plataforma antidesahucio, etc.
En nuestro país a raíz del 15M hubo un resurgimiento de la movilización social que debe ser reconocido como un grito de la sociedad por seguir ahondando en un cambio de modelo que supere las ideas individualistas y que nos acerque más a una mente colectiva y solidaria. El Trabajo Social no puede quedarse al margen de estos cambios ni de estas movilizaciones, sino que debe ser parte de ellas, escucharlas, sentirlas, vivirlas y reivindicarlas y para ello es necesario recrear una nueva corriente dentro del Trabajo Social que nos acerque a ellas y nos permita nuevas fórmulas de trabajo y coordinación.
4.- Desinformación sobre las razones que inspiran a los Servicios Sociales. Las y los trabajadoras sociales tenemos muy claro las razones que nos inspiran como profesión y que deben ser la clave de inspiración de los Servicios Sociales pero sí existe un desconocimiento importante en la sociedad de lo que somos y para qué estamos trabajando. Ciertamente la parte de la población que se acerca a nuestros servicios tiene un conocimiento mayor pero a nivel general nos queda mucho que trabajar en ese sentido. Y la situación actual creo que ha sido en parte responsabilidad nuestra, la preocupación por el día a día y por dar respuesta a las necesidades y problemáticas sociales que nos encontrábamos nos ha despistado de la importancia de realizar una divulgación clara y efectiva de nuestros valores y principios, en definitiva de lo que somos.
5.- Insuficiencia de recursos económicos y humanos. Evidentemente aquí estamos igual, si bien a nivel político te dirán sin ningún tipo de vacilación que ambos recursos han aumentando, a nivel general y sin relacionarlos con nada tendríamos que darles la razón, pero la evidencia empírica del trabajo diario de cualquier trabajadora/or social va a poner de manifiesto que no es así, dado que las demandas y diversidad de las problemáticas han variado, esto sin tener en cuenta el impresionante recorte que hemos tenido en los últimos años con la excusa de la crisis.
6.- Escasa tradición en la planificación y confusión en los niveles organizativos. Ya en el año 2014 en el que nos encontramos no podemos decir que exista una falta de tradición en la planificación, ya que en este sentido hemos avanzado enormemente, lo que sí quizás podríamos advertir es que las planificaciones que se están dando no son lo suficientemente acertadas. En esto no me refiero a la planificación técnica que por diferentes profesionales se haya venido dando más bien me refiero a la planificación política de los servicios sociales que en muchas ocasiones se dan a espalda de los trabajadores/as sociales o haciendo oídos sordos a sus aportaciones-
7.- Desconocimiento del valor de la acción preventiva e los Servicios Sociales y priorización del nivel asistencial por razón de simple desinformación. Cuando creíamos que estábamos avanzando en este sentido, y no sólo lo creíamos sino que era un hecho, llegó la crisis y parece que nos están llevando irremediablemente otra vez al nivel asistencial; lo que habría que averiguar ahora si es por simple desinformación o por otras razones. La verdad es que no me siento capacitada ahora mismo de contestar a esa pregunta, ya que en realidad lo que me parece ver es una falta de interés y motivación política para que los Servicios Sociales se mantengan como pilar fundamental de la sociedad y como medio para la prevención de problemáticas sociales.
8.- Desconocimiento por parte de la mayoría de la clase política de su significado y contenido técnico, circunstancia que explica las decisiones precipitadas, las vacilaciones y los errores. Este último punto que establece la autora me parece tan claro y explícito que pocas cosas puedo decir sobre él. Y es que creo que es evidente que muchos políticos desconocen lo que es el Trabajo Social y lo que éste como profesión puede hacer por mejorar las cosas y lo que puede aportar a la planificación de las Políticas Sociales para que éstas sean más efectivas.
Éstos, entre otros muchos aspectos son los que aparecen en el libro y que nos permiten reflexionar sobre el presente, pasado y futuro de los servicios sociales. Me resultó muy interesante como se puede hacer a lo largo de todo el libro un paralelismo entre lo que hemos superado y lo que nos falta por alcanzar e incluso aquello en lo que hemos sufrido un retroceso. Estos ocho puntos que acabo de analizar respecto a los años 80 cuando los escribe la autora el 2014 en el que nos encontramos es un reflejo de ese paralelismo y del análisis que nos invita Rosa Domenéch en este su granito de arena. A lo largo de la lectura del libro me he sorprendido a mí misma, yendo más allá de la simple lectura y realizando una crítica constructiva de nuestra profesión actualmente pero también de mi trabajo diario, y sin duda esto me ha servido para buscar formas de mejorar. Es este trabajo interior personal y profesional que te permite hacer a través de la lectura lo que me lleva a recomendar esta aportación a la profesión de la autora. Y finalizo esta reflexión con un párrafo del libro con el que comulgo totalmente y que me parece inspirador:
“La dinámica de la sociedad donde vivimos (sometida a profundos cambios sociales y con grandes desafíos en muchos ámbitos tanto en el marco social y familiar, como en el institucional e internacional) nos exige una actuación permanente a todos los que de una manera u otra vivimos comprometidos en el desarrollo de la estructura social”.